La poesía toca con sus alas lo más pequeño, lo más excelso, toca el dolor y la alegría.
Nos pega a la tierra, a los seres vivos, nos eleva y transporta a otra dimensión.
25 octubre 2008
Palabra de honor
Mírate.
A penas te reconoces ante el espejo.
No eres sombra siquiera de lo que fuiste.
Mírate arruinada por traiciones y manos desleales.
¿Qué quedó de tu código de honor?
Fue ahogado por montañas de papel,
alimento para el fuego.
Documentos sellados por eruditos
se dicen dotados de honor y de justicia
pero son calzado de colosos.
Mírate.
Recuerda cuando fuiste poderosa,
cuando tu fuerza levantaba el honor de los hombres
y en la estrechez de las manos
se firmaba su honradez y su fama.
Mírate.
En el mercado púrpura de las plazas
eres vendida al mejor postor,
moneda de cambio sin valor es tu último destino.
Mírate.
Palabra de honor que no te reconozco.
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Suburbios © Teresa S.M.
23 octubre 2008
No cantaré a los muertos

No cantaré a los muertos
ni a los muertos que se ocupan
de enterrar a los difuntos.
Ni a los dueños
de gentiles sepulturas
ni su paso por el mundo.
Quiero cantar a los vivos,
los que yerran
por apostar a la vida,
a los vivos que se olvidan
de morir,
a los que el mundo no aterra,
a los que amor les germina
hasta la muerte
y si les cubre la tierra
humanamente,
es tan sólo por vivir.
ni a los muertos que se ocupan
de enterrar a los difuntos.
Ni a los dueños
de gentiles sepulturas
ni su paso por el mundo.
Quiero cantar a los vivos,
los que yerran
por apostar a la vida,
a los vivos que se olvidan
de morir,
a los que el mundo no aterra,

a los que amor les germina
hasta la muerte
y si les cubre la tierra
humanamente,
es tan sólo por vivir.
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21 octubre 2008
La brújula rota
Sobre la arena
rota la brújula,
marca la aguja
el norte, el norte.

El mar está oscuro,
la corriente es fría,
no hay puerto ni guía,
al norte, al norte.
Yunques de plata,
martillos e oro,
huyendo del lodo,
al norte, al norte.
Al norte la casa,
el pan, la justicia,
la paz, la esperanza,
al norte, al norte.
Espaldas mojadas,
la barca, las rocas,
la brújula rota,
al norte, al norte.
Yertos en la arena
quedaron los cuerpos,
sin llantos ni duelos,
al norte, al norte.
rota la brújula,
marca la aguja
el norte, el norte.

El mar está oscuro,
la corriente es fría,
no hay puerto ni guía,
al norte, al norte.
Yunques de plata,
martillos e oro,
huyendo del lodo,
al norte, al norte.
Al norte la casa,
el pan, la justicia,
la paz, la esperanza,
al norte, al norte.
Espaldas mojadas,
la barca, las rocas,
la brújula rota,
al norte, al norte.
Yertos en la arena
quedaron los cuerpos,
sin llantos ni duelos,
al norte, al norte.
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19 octubre 2008
Mil mariposas
Mil mariposas, con sus alas,
colman de besos las mejillas de la tarde
y la tarde,
ante semejante ternura,
se deja besar
pero ignora la lluvia ácida que se avecina.
En la encrucijada de la calle
su luz imprevista ilumina la realidad ingrata,
espada de fuego
que sella las puertas del paraíso
donde ya no se puede volver.
Te dirán
que las alas de mariposa no dejan huella,
mientras el reloj avanza
con pasos de gigante, nadie le detiene.
Ahora, sé que buscarás
en las paredes en blanco
las mariposas que grabaron
con el cincel de sus alas
garabatos en la cordura.
Y el reloj
que baja la calle cargado de reliquias
se desconcierta en el tiempo.
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A través de la ventana © Teresa S.M.
Se rompió el silencio
Se rompió el silencio
que portaba el ángel
se llevó la urna
aún sin quebrarse
llena de suspiros,
lágrimas de sangre.
Se rompió el silencio
que portaba el ángel
se llevó prendidas
en páginas de aire
palabras ansiadas
que no dijo nadie.
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A través de la ventana © Teresa S.M.
13 octubre 2008
Déjame la tierra Padre

aunque dormida,
para recostar mis huesos
ya cansados,
para contemplar la vida que decrece
por sus montes desolados.
Déjame la tierra herida,
muerta acaso,
aunque el olvido le muestre
su cadalso
que yo cubriré sus fuentes
con mi llanto.

se apagase
y no quede estrella alguna
que inflame
su esplendor en la laguna,
déjame la tierra Padre
que regreso
con los hombres que la empapen
de esperanzas,
compartiendo todo un cielo
amplio de luz espigada.
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Diálogos al Alba © Teresa S.M.
10 octubre 2008
Cuando amanece
Cuando amanece
muestras en tu rostro
la inquietud del alba,
el sable afilado de la luz
que todo lo indaga,
el ansia de alcanzar
la hora del mediodía
y recorrer el horizonte que bosteza.
Pero yo
ya tengo la tarde
reposando sobre mi espalda,
la hora nona, serena,
en que todo sestea
y no me interrogo
por qué una mariposa rota
lleva las alas cargadas
de polvo de estrellas
ni por qué la piedra del río
escribe su historia
en la orilla del mundo que la ignora,
ni dónde va el ave
que dibuja su sombra sobre la hierba,
sobre el mar y sobre ese niño
que intenta tocarla.
Sólo quiero permanecer despierta
cuando la tormenta recorra la noche temerosa,
herida de luz.
Ya sólo recojo el silencio
que gota a gota roza mis labios,
ávidos, desérticos,
ya sólo contemplo
la esencia viva que late.
Una brisa diáfana en la tarde
me acompaña
por la vereda azul
que aún no he pisado.
muestras en tu rostro
la inquietud del alba,
el sable afilado de la luz
que todo lo indaga,
el ansia de alcanzar
la hora del mediodía
y recorrer el horizonte que bosteza.
Pero yo
ya tengo la tarde
reposando sobre mi espalda,
la hora nona, serena,
en que todo sestea
y no me interrogo
por qué una mariposa rota
lleva las alas cargadas
de polvo de estrellas
ni por qué la piedra del río
escribe su historia
en la orilla del mundo que la ignora,
ni dónde va el ave
que dibuja su sombra sobre la hierba,
sobre el mar y sobre ese niño
que intenta tocarla.
Sólo quiero permanecer despierta
cuando la tormenta recorra la noche temerosa,
herida de luz.
Ya sólo recojo el silencio
que gota a gota roza mis labios,
ávidos, desérticos,
ya sólo contemplo
la esencia viva que late.
Una brisa diáfana en la tarde
me acompaña
por la vereda azul
que aún no he pisado.
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06 octubre 2008
Madre
Madre
ya sé que tienes los huesos
descolgados de la tierra.

Sé que te duelen los días
y que las noches te arañan
con uñas de miedo.
Sé que te pesa el cuerpo
como un siglo,
que tienes cansada la boca
y las palabras,
que tus ojos amados
son dos pozos oscuros
de agua blanquecina
cegados a la luz.
Sé que te duele la vida
de quebrantos y pesares,
que ya no ocultas
las cicatrices profundas
del ayer.
Sé que es difícil
arrancarte la sonrisa que se esconde
entre los surcos amables de tu rostro.
Pero, madre,
apóyate en mis manos y en mi pecho
que seguiré encendiendo
por ti la lamparita de tu alcoba.
Te acogeré en mi seno,
madre, hasta la última hora,
como en el tiempo
que me acunaste tú.
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05 octubre 2008
Nana triste
nana de los niños que ríen sin fin,
duermen otros niños con la nana triste,
Duérmete mi niña con la nana blanca,
nana de los niños que les sobra pan,
duermen otros niños con la nana triste
que no tienen agua ni trigo ni sal.
Duérmete mi niña con la nana blanca,
limpia está tu cuna, dormirás en paz,
duermen otros niños con la nana triste,
duermen en la calle. Triste soledad.
Duérmete mi niña con la nana blanca,
cantarás mañana tu alegre canción,
duermen otros niños con la nana triste
con manos armadas y ajeno rencor.
Duérmete mi niña con la nana blanca.
Duérmete mi niña con la nana blanca.
Linda es tu carita. Qué blanca tu piel.
Duermen otros niños con la nana triste
y son tan hermosos como tú mi bien.
Duérmete mi niña con la nana blanca,
duerme que naciste en un mundo feliz,
duermen otros niños con la nana triste
y en el mismo mundo no pueden vivir.
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