La poesía toca con sus alas lo más pequeño, lo más excelso, toca el dolor y la alegría.

Nos pega a la tierra, a los seres vivos, nos eleva y transporta a otra dimensión.

19 octubre 2008

Mil mariposas


Mil mariposas, con sus alas, 
colman de besos las mejillas de la tarde 
y la tarde, 
ante semejante ternura, 
se deja besar 
pero ignora la lluvia ácida que se avecina. 

En la encrucijada de la calle 
amanece la vida, 
su luz imprevista ilumina la realidad ingrata, 
espada de fuego 
que sella las puertas del paraíso 
donde ya no se puede volver. 

Te dirán 
que las alas de mariposa no dejan huella, 
mientras el reloj avanza 
con pasos de gigante, nadie le detiene. 

Ahora, sé que buscarás 
en las paredes en blanco 
las mariposas que grabaron 
con el cincel de sus alas 
garabatos en la cordura.

Y el reloj 
que baja la calle cargado de reliquias 
se desconcierta en el tiempo.

Se rompió el silencio


Se rompió el silencio
que portaba el ángel 
se llevó la urna
aún sin quebrarse
llena de suspiros,
lágrimas de sangre.

Se rompió el silencio
que portaba el ángel
se llevó prendidas
en páginas de aire
palabras ansiadas
que no dijo nadie.

13 octubre 2008

Déjame la tierra Padre

Déjame la tierra Padre
aunque dormida,
para recostar mis huesos
ya cansados,
para contemplar la vida que decrece
por sus montes desolados.

Déjame la tierra herida,
muerta acaso,
aunque el olvido le muestre
su cadalso
que yo cubriré sus fuentes
con mi llanto.

Aunque el candil de la luna
se apagase
y no quede estrella alguna
que inflame
su esplendor en la laguna,
déjame la tierra Padre
que regreso
con los hombres que la empapen
de esperanzas,
compartiendo todo un cielo
amplio de luz espigada.

10 octubre 2008

Cuando amanece

Cuando amanece
muestras en tu rostro
la inquietud del alba,
el sable afilado de la luz
que todo lo indaga,
el ansia de alcanzar
la hora del mediodía
y recorrer el horizonte que bosteza.

Pero yo
ya tengo la tarde
reposando sobre mi espalda,
la hora nona, serena,
en que todo sestea
y no me interrogo
por qué una mariposa rota
lleva las alas cargadas
de polvo de estrellas
ni por qué la piedra del río
escribe su historia
en la orilla del mundo que la ignora,
ni dónde va el ave
que dibuja su sombra sobre la hierba,
sobre el mar y sobre ese niño
que intenta tocarla.

Sólo quiero permanecer despierta
cuando la tormenta recorra la noche temerosa,
herida de luz.

Ya sólo recojo el silencio
que gota a gota roza mis labios,
ávidos, desérticos,
ya sólo contemplo
la esencia viva que late.

Una brisa diáfana en la tarde
me acompaña
por la vereda azul
que aún no he pisado.

06 octubre 2008

Madre


Madre
ya sé que tienes los huesos
descolgados de la tierra.

Sé que te duelen los días
y que las noches te arañan
con uñas de miedo.

Sé que te pesa el cuerpo
como un siglo,
que tienes cansada la boca
y las palabras,
que tus ojos amados
son dos pozos oscuros
de agua blanquecina
cegados a la luz.

Sé que te duele la vida
de quebrantos y pesares,
que ya no ocultas
las cicatrices profundas
del ayer.

Sé que es difícil
arrancarte la sonrisa que se esconde
entre los surcos amables de tu rostro.

Pero, madre,
apóyate en mis manos y en mi pecho
que seguiré encendiendo
por ti la lamparita de tu alcoba.

Te acogeré en mi seno,
madre, hasta la última hora,
como en el tiempo
que me acunaste tú.