La poesía toca con sus alas lo más pequeño, lo más excelso, toca el dolor y la alegría.

Nos pega a la tierra, a los seres vivos, nos eleva y transporta a otra dimensión.

11 junio 2011

Credo Gaia

Caen visillos sobre la luna escapulario.
En el pórtico del horizonte,
reclinada se abrasa.
Ave, purísima aurora
que alza en sus brazos el sol infante.

Entre los dedos, un rosario lácteo se desliza,
jaculatoria de estrellas,
padre nuestro cósmico.

Salve, Salve,  blancura virginal.
Letanía de cirios
en el altar del templo nocturno e infinito
incendia mi pecho penitente.

En tu credo sumerjo mi verso,
en mi boca el salmo.
Custodia que acoges la luz de la vida
bajo el palio cristalino de esta noche.

Caminas, Gaia, como novia hacia el altar.
Tu velo se vierte en mis pupilas,
tu velo me desvela,
tu agua bendita me infunde el bautismo,
me baña en el río sagrado,
de gracia me viste.
Sea así. Amén.

24 mayo 2011

El nido


Proteger a nuestros hijos, crear para ellos un nido cálido, hasta que se hagan fuertes las alas de su libertad y puedan defenderse del vuelo de las águilas


Duerme, duerme
sobre la almohada blanda
de mi vientre.

Reposa tu rostro
entre mis pechos de arena
que yo voy arrastrando
mis raíces hambrientas
por el asfalto de herrumbre
hasta encontrar la fisura,
donde los tallos tiernos
brotan sólo para tu boca.

Trenzaré para ti un nido fuerte,
lo pondré en un lugar oculto
para que cuando despiertes
no alcancen tu vuelo las águilas.


A mi hija

08 mayo 2011

La tibieza

¿Vivimos en un mundo llamado tibieza?
La vida necesita el color del corazón.


Hay un lugar de trigo derramado,
de palomas en vuelo prisioneras.
Hay música con alas que libera
los cuerpos a tierra derrotados.

Hay un lugar que envuelve voluntades
en papel de regalo con sonrisas,
que arrebata las horas con la prisa
de caducas y sordas vanidades.

Hay un lugar que llena los rincones
de mundos ausentes de concierto,
en su honor se quebrantan las razones
del corazón que muere en el desierto.

Un lugar de oro idolatrado,
de miedos en falsa encrucijada,
desidia que nunca ha derrotado
la invisible faz de la alambrada.

Hay un lugar de historias que no saben
por qué enferman sus días de tristeza,
la vida a galope hasta que acabe
en el pantano gris de la tibieza.

14 abril 2011

La pluma

¿Quién escribe cuando sentimos el impulso de deslizar sobre el papel la pluma?
¿Quién maneja la pluma?
¿Quién escribe? ¿Es ella o soy yo?

Viene la pluma y quema,
araña, golpea, hiere,
inflige, ensalza, entierra.
Yo le digo: ¡Para!
Y le ordeno: ¡Quieta!
Pero viene, viene,
empuja, sabe, crea,
adivina y evoca.
Regresa y grito
diciendo: ¡Fuera, fuera!
Y ella vuelve y vuelve,
nubla, confunde, cuenta,
rasga, oculta, presiente,
engendra, clama, desvela,
hiere, hiere, hiere.

30 marzo 2011

La gran duna -Reposición-

La gran duna se mueve lentamente; a menudo,  duerme; pocas veces el viento provoca el despertar para escribir su historia. 
Su aptitud da forma al paisaje que la rodea.


Nosotros
la gran duna afable que ignora,
que asiente, que torna,
que aplaude la arenga que sopla,
que se inclina al norte, al sur,
a diestra, a siniestra.

Nosotros que apenas escuchamos,
que vemos apenas,
hablamos largamente de otras cosas,
como por ejemplo,
de la altura que nuestros granos alcanzan
aunque el viento en un instante los venga a enterrar.

Nosotros que vamos de la agenda laboral
al dibujo de la colcha de la cama
gastando nuestro aliento en escaparates de baratijas.

Nosotros que adoramos las estrellas del mundo
que ignoramos las del firmamento.
Nosotros, estrellas ignoradas,
ignorantes de nuestra luz.

Nosotros que sufrimos las heridas
infligidas por nuestras propias manos
armadas con intenciones mayúsculas.

Nosotros que lloramos nuestros muertos.
Nosotros que morimos en silencio.
Multitudinaria muerte,
solitaria muerte,
desnuda, desnutrida,
desamparada muerte.

Nosotros y nuestros ojos grandes
como soles oscuros,
esclavos de vuestra corte y vuestro placer.
Nosotros, víctimas sin ojos,
verdugos amamantados de venganza,
soldados paridos para el odio,
mártires sin perdón y sin cruz.

Nosotros, la gran duna afable
que se inclina fervorosa,
arrodillada ante tabernáculos terrenales,
rendida ante una falsa y blasfema fe.