Sigo caminando por la carretera aquella
que subía el alto del mañana.
Si recuerdas,
caminábamos descalzos
sobre el asfalto caliente por el sol de verano
y en un rincón de verde
nos fumábamos la vida
en nuestras manos aún vírgenes.
La poesía toca con sus alas lo más pequeño, lo más excelso, toca el dolor y la alegría.
Nos pega a la tierra, a los seres vivos, nos eleva y transporta a otra dimensión.