La poesía toca con sus alas lo más pequeño, lo más excelso, toca el dolor y la alegría.

Nos pega a la tierra, a los seres vivos, nos eleva y transporta a otra dimensión.

22 abril 2009

El último fruto


Si mis manos Gaia
han de volver a arañarte,
no me niegues el último fruto.

Voy unida a tu, ya pálido,
cuerpo esmeralda,
agarrada a tu seno ocre
esperaré de ti
la última gota limpia y dulce
de tu leche de madre.

Desterrada soy del hombre,
aún colgada de tus pechos escuálidos
transito por la extensa aridez del mundo.

Tú me miras con los ojos hundidos
desde tu cuerpo inerte,
desahuciado.

Ya sé que no grité,
que no abracé tu cuerpo con mis manos,
que no hinqué mis rodillas para invocar,
con fértil ritual, tu corazón de barro
y ese dorado milagro de espigas y de vid.

Pero yo no soy de allí.
Escapé de la ciudad
y si alguna vez regreso a ti,

ya cansada,
guárdame un pedazo de tu pan
para calmar mi hambre de esperanza,
para calmar mi sed de caminante
esperaré del cielo

tus lágrimas.


16 abril 2009

La misma piel

Yo soy tú.
Tú eres él.
Ella es aquél que dobla la esquina.
Soy el que huye,
el que se entrega.
Soy el que odia
y el que perdona.
Ésta es mi patria,
soy extranjero,
ayer fui dueño, hoy inquilino,
soy campesino y mañana rey.

Yo soy el mártir y soy el verdugo,
el que suplica y el que deniega.
Soy ejecutivo de altas farolas
y el basurero de la oscuridad.
Soy pájaro libre
en el cielo roto de las ciudades,
y soy un recluso
en el suelo frío de angosta prisión.
Tú eres yo.
Yo soy tú.
Él es ella.
Ella es él.
Nosotros, aquellas,
vosotros, aquellos,
pequeños fragmentos de la misma piel.

05 abril 2009

Érase una tarde de abril y de lluvia




Recuerdos de una tarde de abril




Érase una tarde

de abril y de lluvia.


Érase una tarde

de verde encendido.

De voces lejanas
sin pena ni gloria,
de juego de pájaros
y canto de niños.

Érase una tarde
de ahuyentar las bocas
de cántaros huecos
preñados de ruido.

Érase una tarde,
refugio a la sombra
de troncos tallados,
de versos escritos.

29 marzo 2009

Tierra castellana

A la gente de mi tierra.
Soneto a la vieja y amada Castilla.

A ti, tierra mía abandonada,
que no diste los frutos generosos
que los hombres a brazos laboriosos
te pidieron al arado y a la azada.

A encina de tu campo polvoriento,
bajo su sombra recia y centenaria
reposaré mi pluma solitaria
y nutriré de ti mi pensamiento.

De mi pueblo, sus montes ancestrales
guardan paz y silencio de capilla
donde lanzo a las ondas orbitales

el soneto amasado con semilla
de mi tierra y azules celestiales
de los campos abiertos de Castilla.


24 marzo 2009

El rostro de Gaia



Yo te imaginaba fuente,
parto de roca y de agua,
abrazo de verde, verde
madre de luz y montaña.

Te descubrí virginales
transparencias verde y agua
de cabellos celestiales
vertientes sobre tu espalda.

Así dibujé tu imagen,
corazón de cueva clara,
madre templo de la tierra,
tu rostro verde esmeralda.