La poesía toca con sus alas lo más pequeño, lo más excelso, toca el dolor y la alegría.

Nos pega a la tierra, a los seres vivos, nos eleva y transporta a otra dimensión.

08 mayo 2011

La tibieza

¿Vivimos en un mundo llamado tibieza?
La vida necesita el color del corazón.


Hay un lugar de trigo derramado,
de palomas en vuelo prisioneras.
Hay música con alas que libera
los cuerpos a tierra derrotados.

Hay un lugar que envuelve voluntades
en papel de regalo con sonrisas,
que arrebata las horas con la prisa
de caducas y sordas vanidades.

Hay un lugar que llena los rincones
de mundos ausentes de concierto,
en su honor se quebrantan las razones
del corazón que muere en el desierto.

Un lugar de oro idolatrado,
de miedos en falsa encrucijada,
desidia que nunca ha derrotado
la invisible faz de la alambrada.

Hay un lugar de historias que no saben
por qué enferman sus días de tristeza,
la vida a galope hasta que acabe
en el pantano gris de la tibieza.

14 abril 2011

La pluma

¿Quién escribe cuando sentimos el impulso de deslizar sobre el papel la pluma?
¿Quién maneja la pluma?
¿Quién escribe? ¿Es ella o soy yo?

Viene la pluma y quema,
araña, golpea, hiere,
inflige, ensalza, entierra.
Yo le digo: ¡Para!
Y le ordeno: ¡Quieta!
Pero viene, viene,
empuja, sabe, crea,
adivina y evoca.
Regresa y grito
diciendo: ¡Fuera, fuera!
Y ella vuelve y vuelve,
nubla, confunde, cuenta,
rasga, oculta, presiente,
engendra, clama, desvela,
hiere, hiere, hiere.

30 marzo 2011

La gran duna -Reposición-

La gran duna se mueve lentamente; a menudo,  duerme; pocas veces el viento provoca el despertar para escribir su historia. 
Su aptitud da forma al paisaje que la rodea.


Nosotros
la gran duna afable que ignora,
que asiente, que torna,
que aplaude la arenga que sopla,
que se inclina al norte, al sur,
a diestra, a siniestra.

Nosotros que apenas escuchamos,
que vemos apenas,
hablamos largamente de otras cosas,
como por ejemplo,
de la altura que nuestros granos alcanzan
aunque el viento en un instante los venga a enterrar.

Nosotros que vamos de la agenda laboral
al dibujo de la colcha de la cama
gastando nuestro aliento en escaparates de baratijas.

Nosotros que adoramos las estrellas del mundo
que ignoramos las del firmamento.
Nosotros, estrellas ignoradas,
ignorantes de nuestra luz.

Nosotros que sufrimos las heridas
infligidas por nuestras propias manos
armadas con intenciones mayúsculas.

Nosotros que lloramos nuestros muertos.
Nosotros que morimos en silencio.
Multitudinaria muerte,
solitaria muerte,
desnuda, desnutrida,
desamparada muerte.

Nosotros y nuestros ojos grandes
como soles oscuros,
esclavos de vuestra corte y vuestro placer.
Nosotros, víctimas sin ojos,
verdugos amamantados de venganza,
soldados paridos para el odio,
mártires sin perdón y sin cruz.

Nosotros, la gran duna afable
que se inclina fervorosa,
arrodillada ante tabernáculos terrenales,
rendida ante una falsa y blasfema fe.

13 marzo 2011

A la intemperie

 Nos cobijamos en refugios excesivamente cálidos. Quizá sea conveniente vivir un poco más a la intemperie para que resuciten nuestros sentidos.

 Qué frescor ahora
después de vagar mil noches
por las horas de un reloj asfáltico.

Qué frescor aquí
junto a los olivos tiernos,
junto a los tiernos álamos.

Aquí, a la orilla de senderos
escritos de lluvia y huella,
junto a las flores temblorosas,
erizadas de frío,
mendigas de un sol de invierno.

Mejor aquí, lejos,
de aquel impersonal dominio.
Mejor, a la intemperie agria de la vida
que vivir al abrigo
de un retazo artificial del cielo.

24 febrero 2011

Herederos de la Tierra (Gaia) Reposición

Nuestros hijos heredarán la Tierra maltratada, heredarán Gaia, no lloreis por ella, llorad por nuestros hijos y por la herencia que les dejamos.
Si vierais las fuentes de arena cegadas,
ríos y vergeles de cicuta infectos,
playas de gaviotas mudas y desiertas.

No lloréis por ellos,
llorad por nosotros y por nuestros hijos
herederos de la tierra.

Si vierais el aire de cuerpo invisible
severo enemigo violentando el pecho,
si vierais los frutos sin su primavera.
No lloréis por ellos,
llorad por nosotros y por nuestros hijos
herederos de la tierra.

Si vierais extintos el cóndor y el ibis,
el vientre marino exhausto de especies,
ahogadas las aves en cepos de brea.
No lloréis por ellos,
llorad por nosotros y por nuestros hijos
herederos de la tierra.

Si vierais las uñas avaras del hombre
arañar los campos sin justa medida,
y en matriz amarga crear sus quimeras.
No lloréis por ellos,
llorad por nosotros y por nuestros hijos
herederos de la tierra.

Si vierais la selva en boca de fuego,
antorcha en los brazos de anchas ambiciones,
insignes linajes a destierro y miseria.
No. No lloréis por ellos.
Llorad por nosotros y por nuestros hijos
herederos de la tierra.