La poesía toca con sus alas lo más pequeño, lo más excelso, toca el dolor y la alegría.

Nos pega a la tierra, a los seres vivos, nos eleva y transporta a otra dimensión.

17 octubre 2017

Monte de ceniza

Foto tomada de Google para uso artístico no comercial. En caso de no estar permitido su uso la retirará inmediatamente. Fuente: EFE/Brais Lorenzo 

Centenaria sombra donde la pluma halló descanso.
En forzada desnudez sólo fuiste sombra hoy,
sombra fúnebre,
inmensa y triste esmeralda de luto teñida.

Dos cirios encendidos
o dos lágrimas ardientes
quedaron temblando en la mejilla de la tierra,
ardiente y dolido llanto.

Vi que un aullido amargo de silencio 
velaba el monte
bajo una luna sin lobos ni duendes,
bajo una luna sin nidos ni luciérnagas,
bajo una pálida luna de hollín nublada.

Hoy los caminos, 
impotentes brazos abatidos,
circundan un negrura incomprensible.

Arrancad esta abrasadora noche de mi piel
grita Gaia desolada.

Arrancad la noche que me hiere,
 ingratos hijos,
porque sólo en mi cuerpo veréis el día.



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